
Si me preguntaran por un producto indispensable para el cuidado de la piel, lo tendría claro:
Protector Solar.
Sin embargo, son muchas las veces que decidimos no usarlo porque «me quiero poner morena». Es absolutamente un error. Estás atacando de la peor manera a tu piel.
Pensamos que por no ponernos protección, nos pondremos morenos más rápido. Está claro que los protectores bloquean parte de la radiación y el bronceado es más lento. Pero si quieres estar moreno (y sano) y que te dure más, hay que usar protección.
¿Por qué? Porque la radiación que desencadena la formación de melanina, penetra hasta la capa más superficial y comienza a producirla. Cuanta más se produce, más te dura el moreno. Pero si te quemas por no llevar protección, lo que haces es matar las células de esa capa y no pueden producir melanina.
Por tanto, si te quemas, no creas que «se convierte en moreno», porque estás quemada y ese «moreno» no te va a durar.
Ufff, qué pereza aplicarlo todos los días…
¡Pues no! Tomar el sol no es algo voluntario, el sol te da siempre cuando estás al aire libre sin que te des cuenta, por eso hay que protegerse siempre. Tomamos el sol cuando nos vamos de compras y paseamos por la calle, cuando hacemos deporte y cuando estamos sentados en una terraza.
No sólo debemos aplicarnos protección solar cuando vamos a la playa o a la piscina, donde sabemos que estaremos expuestos al sol durante más tiempo. Sino que debemos hacerlo diariamente, al menos 30 minutos antes de salir de casa para que lo absorbamos y sea efectivo. Por supuesto ir reponiéndolo cada dos horas.
Y ya no sólo es por el riesgo de sufrir cáncer – que por cierto, es el más frecuente – sino que además el sol es lo que más nos envejece; aparecen arrugas y manchas.